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De la “evaluación deformativa” en los talent shows y otras burradas…

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Reconozco que soy un bicho raro, nunca me ha gustado competir si ello supone pasar por encima a la otra persona. En mi infancia (y aún hoy me sigue ocurriendo), después de jugar un partido con mis amigos, cuando volvía a casa, mi madre me preguntaba:

– ¿Cómo acabó el partido? ¿Ganaron o perdieron?

Yo el contestaba:

– Pues no lo sé, pero jugamos muy bien y me divertí muchísimo.

Cuento esta anécdota porque en los talent show se persigue todo lo contrario: la competencia y derrotar a la otra persona como objetivo final.

Pero ahí no queda la cosa, lo más desconcertante de este tipo de programas es cómo se somete a una presión innecesaria cuando se trata de participantes infantiles y el tipo de juicios de valor que dicen con una pasmosa tranquilidad: “Tú vales”, “tienes talento”, “tienes lo que hay que tener”, etc. El problema es que si le decimos a un niño o a una niña “Tú vales” le estamos diciendo a otros “Tú no vales”, toma ya… Solo falta decir: “Y el terapeuta dentro de 10 años te lo pagas como puedas”.

Dejando el humor a un lado, la evaluación que se realiza en este tipo de programas (sean infantiles o no), deja mucho que desear. Si lo que se persigue es la mejora de las habilidades, conocimientos o actitudes de los aspirantes, la cosa tiene que cambiar un poco. Veamos algunas de las burradas que se cometen en estos programas (insisto, algunos infantiles… ¡madre de Dios!). Al modo de un ring de boxeo, vamos a pasar por los rounds y a ver si no llegamos al K.O.:

  • Round 1: No se valora el proceso sino el resultado o el producto final. Un aspirante que haga las cosas bien pero tenga un mal día, es eliminado. En cambio, uno que sea mediocre pero tenga un buen día puede llegar a ganar.
  • Round 2: No se establecen desde el principio los criterios de evaluación o calificación de las pruebas que tiene que pasar. Los jueces, entiendo yo, dan por supuesto que los aspirantes tienen dotes adivinatorias y saben qué es lo que ellos entienden por correcto o incorrecto.
  • Round 3: No dan feedback sobre el proceso. Cuando están realizando una prueba, solo comentan lo bien o mal que lo han hecho al final de la ejecución. Demasiado tarde para aprender y rectificar, demasiado tarde.
  • Round 4: Los comentarios y caras, en muchas ocasiones, suelen ser más negativos que positivos (tal vez sea porque es lo que vende en televisión).
  • Round 5: El error en este tipo de programas es visto como un debilidad del aspirante, y no como una oportunidad de aprendizaje.
  • Round 6: Con frecuencia, tienen que pasar pruebas de equipo, pero aprender a trabajar en equipo es algo complejo y se tiene que enseñar. Es un aprendizaje que requiere experiencia y no se adquiere de forma mágica.
  • Round 7: No se dedica el más mínimo tiempo a enseñar a trabajar en equipo. Aquí lo que vale es el “búscate la vida”.
  • Round 8: Muchas pruebas eliminatorias son elaboradas ad hoc para el programa, no tienen nada que ver con la realidad. ¿Y entonces para que se hacen? ¿Qué sentido tienen?
  • Round 9: Las hay autoevaluaciones y las coevaluaciones brillan por su ausencia y, cuando se hacen, son para machacar al contrario, nunca para destacar sus fortalezas u ofrecerles propuestas de mejora.
  • Round 10: Este programas busca la selección y, por lo tanto, el control de los que saben y no saben, de los que valen y no valen, de los buenos y los malos, es decir, se basa en poner etiquetas.
  • Round 11: Las propias habilidades sociales y la forma de comunicación de algunos jueces deja mucho que desear.
  • Round 12: K.O.

Vaya, pues no hemos llegado al final del combate. Nos han dejado fuera de combate. Han sido muchos golpes. En fin, estamos eliminados y nos volvemos para casa…

Está claro, que si lo que buscan es la mejora de las habilidades, de los conocimientos y de las actitudes de los aspirantes, la evaluación en estos programas tiene que mejorar. Menos dinero para el vestuario de los jueces y más inversión en alguien que los asesore en este sentido.