Publicado en Evaluación, Inicio, Metodología

Negociación curricular y el empoderamiento del alumnado #escuelademocratica #edufis #autonomiadelalumnado

Hablar de escuelas democráticas suponer entender la educación de otro modo, más horizontal. Las relaciones que se establecen entre alumnado y profesorado (y entre toda la comunidad educativa en general) se basan en el respeto mutuo, así como en la capacidad de cada uno de enriquecerse del otro.

Una de las estrategias que se pueden utilizar para desarrollar el concepto de escuelas democráticas es el de negociación curricular. Pero una salvedad. Negociar no es votar. Cualquiera que haya estudiado la teoría de grupos o conozca los fundamentos del aprendizaje cooperativo sabe que la peor estrategia que se puede tomar en un grupo es que las decisiones se tomen mediante la votación. Cuando ponemos en práctica esta medida, unos ganan y otros pierden. La mayoría gana y la minoría pierde. Y ese no es el objetivo. De lo que se trata es de que todos ganemos. Por eso es importante el consenso y el diálogo.

En la negociación curricular, establecemos un diálogo democrático con nuestro alumnado, no para imponer nuestro punto de vista, ni para que ellos impongan el suyo, sino para buscar un punto de encuentro intermedio donde sintamos que las dos partes hemos ganado, y aquí es donde la votación no alcanza.

¿Qué cuestiones podemos negociar con nuestro alumnado? Pues dependerá del grado de maduración del alumnado y de nuestras motivaciones personales. Pero en general cuanto más negociemos, más enriquecedor será el proceso. Algunas preguntas a modo de hilo conductor para guiar este proceso pueden ser estas:

  • ¿Creen que las situaciones de aprendizaje se ajustan a sus intereses? ¿Cuánto será su temporización?
  • ¿Qué contenidos podremos trabajar? ¿De qué manera los trabajaremos?
  • ¿Qué actividades de evaluación podemos utilizar? ¿Y con qué instrumentos las vamos a evaluar?
  • ¿Cómo ponderamos las evidencias? ¿Como se puede aprobar o suspender en la asignatura?
  • En resumen, se trata de dar la oportunidad a nuestro alumnado de tomar decisiones sobre aspectos referidos al diseño, la planificación, la implementación, la evaluación e, incluso, sobre la calificación. Sin ninguna duda, todos saldremos ganando.
  • Publicado en Evaluación, Inicio, Metodología

    La cara oculta de la #gamificación: “No es oro todo lo que reluce” #edufis #evaluación

    La pedagogía (y más concretamente, la metodología) está volcada últimamente en procesos innovadores que, acompañados de la tecnología, están provocando un aumento de la motivación en nuestro alumnado. Uno de estos casos es el de la gamificación. De manera resumida, lo que busca esta metodología es trasladar la lógica y los elementos característicos del juego al entorno educativo. Aunque se diga juego, realmente lo que se ha traslado es la lógica de los videojuegos, no la de los juegos en general (tal y como es el caso de los juegos motores, que no responden a esta manera de proceder).

    Pues bien, desde aquí quiero hacer un llamamiento al profesorado para que no pierda de vista la postura sociocrítica cuando elabore propuestas didácticas desde este enfoque gamificador (y desde cualquiera en general, sea aula invertida, ABP, aprendizaje cooperativo…).

    Con frecuencia estoy encontrando en la red propuestas de gamificación (bienintencionadas todas ellas, por supuesto) que responden, desde la inconsciencia,  más a una postura neoliberal y de corte técnico, que a un enfoque socioconstructivista. Recordemos que las características de la educación neoliberal y la racionalidad técnica son: la reproducción social y el mantenimiento del status quo, predominancia de la meritocracia, apuesta por el conductismo, énfasis en las enseñanzas academicistas, en la memorización, en los premios y castigos, en la clasificaciones y en la jerarquización del alumnado, siendo esto acompañado por la negación de la equidad y la inclusión. Y esto preocupa… y mucho. ¡Ojo! No estoy en contra de la innovación, ni de esta metodología en concreto (tengo compañeros y compañeras que la emplean de manera formativa), sino en contra del uso que se está haciendo de ella, en muchos casos. Sobre todo, del uso desorientado que se está haciendo de la tecnología.

    La tecnología no puede disfrazar de innovación, algo que no deja de ser una mera reproducción de la educación tradicional.

    Veamos qué sucede en la práctica. Existen dos aplicaciones muy utilizadas en esta metodología. Una de ellas se basa en un concurso donde el alumnado responde rápidamente a unos botones de colores que se corresponden a una serie de cuestiones elaboradas por el profesorado. A la finalización, aparecen los tres primeros a la manera de un podio virtual. En la otra aplicación, se van poniendo positivos y negativos a unos avatares (que el alumnado elige y personaliza) por lo general representados como monstruitos. Mal usadas estas aplicaciones (y en general la gamificación), van a generar varios aspectos negativos desde el punto de vista pedagógico:

    • Establecemos rankings en nuestras clases. Nos rasgamos las vestiduras por las clasificaciones PISA pero… ¿no nos importa hacerlo con nuestro alumnado?
    • Transmitimos el mensaje a nuestro alumnado de que unos valen (los primeros del ranking) y los otros… ¿no valen (los últimos)?
    • Por lo general, en las preguntas solo se evalúan procesos cognitivos de orden inferior (principalmente la memorización). ¿Dónde quedarán la creatividad o el juicio crítico?
    • Estamos clasificando a nuestro alumnado en función de uno (o a lo sumo dos) tipos de inteligencia (la lingüística y la matemática) pero… ¿y las otras no son relevantes?
    • Transmitimos la idea de hacer las cosas para obtener premios y bonificaciones, o subir de nivel. ¿No hay otra forma de proceder como la propia satisfacción de superar un reto personal?
    • Se fomenta la competitividad individual o por equipos. ¿Cooperar sirve para algo, aparte de machacar a los otros?

    En definitiva, no estamos promoviendo la inclusión ni aprovechando la diversidad de nuestro alumnado y sus fortalezas o potencialidades. Estamos segregando y excluyendo. Lo importante, al parecer, es la posición que ocupas en la clasificación, si has conseguido la medalla o no, si has subido de nivel… y lo que es peor, las comparaciones que esto conlleva entre el alumnado (“soy mejor que tú”, “estoy por encima de ti en la clasificación y en un nivel superior”, etc.).

    ¿Solución? Considero que, tal y como plantea Freire, lo importante es la praxis, es decir, acompañar siempre la práctica de reflexión, y viceversa. Una práctica sin reflexión, sería activismo; y una reflexión sin práctica, palabrería. En el caso de la gamificación, podemos caer en lo primero.

    Una propuesta interesante que hacen algunos compañeros y compañeras sería utilizar el marcador colectivo de Terry Orlick. Consiste en sumar las puntuaciones individuales para ganar un reto colectivo, de esta manera, no hay ganadores individuales sino un ganador colectivo (la clase). Otra sería plantear siempre los retos como superaciones personales, sin comparaciones más que con uno mismo. Y, por supuesto, hacer uso del aprendizaje cooperativo.

    Considero que la gamificación tiene potencialidades y motiva mucho al alumnado. Bien sea por su aspecto visual, como por su parte artística o por otros motivos. Debemos emplearla con conciencia, siendo críticos y reflexivos, y no dejarnos llevar por lo que a priori se ve de ella (disfrazarnos, tarjetas, cartas, tecnología…). Analicemos un poco más profundamente dónde está el meollo de la cuestión: qué es educar y para qué educamos.

    Algunas voces críticas (entendido aquí crítico como conservador o tradicionalista) dirán: “Pero es que la sociedad es así: competitiva, unos ganan y otros pierden, hay clasificaciones y rankings”. Y es verdad, tienen toda la razón. Pero…

    El objetivo de la educación no es reproducir la sociedad sino transformarla.

    Resultado de imagen de frato

    Publicado en Inicio, Metodología

    Cómo colocar al alumnado en grupos de cuatro en el #aprendizajecooperativo

    El número mágico en los agrupamientos de las dinámicas cooperativas es el cuatro. Teniendo en cuenta esta disposición sacarás el máximo partido a los aprendizajes de tu alumnado.

    Imagen: Zariquiey, F. Cooperar para aprender.

    Publicado en Inicio, Metodología

    Cómo distribuir la clase con el #aprendizajecooperativo

    Una buena forma de organización para optimizar el aprendizaje cuando trabajamos dinámicas cooperativas es la distribución en espiga.

    Imagen: Zariquiey, F. Cooperar para aprender.

    Publicado en Inicio, Metodología

    Las parejas de cuatro en #aprendizajecooperativo

    Una buena forma de comenzar a implementar el aprendizaje cooperativo es utilizar las parejas de cuatro. Ayuda al alumnado a interiorizar los procesos que se dan en esta forma de aprendizaje.

    Imagen: Zariquiey, F. Cooperar para aprender.