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La cara oculta de la #gamificación: “No es oro todo lo que reluce” #edufis #evaluación

La pedagogía (y más concretamente, la metodología) está volcada últimamente en procesos innovadores que, acompañados de la tecnología, están provocando un aumento de la motivación en nuestro alumnado. Uno de estos casos es el de la gamificación. De manera resumida, lo que busca esta metodología es trasladar la lógica y los elementos característicos del juego al entorno educativo. Aunque se diga juego, realmente lo que se ha traslado es la lógica de los videojuegos, no la de los juegos en general (tal y como es el caso de los juegos motores, que no responden a esta manera de proceder).

Pues bien, desde aquí quiero hacer un llamamiento al profesorado para que no pierda de vista la postura sociocrítica cuando elabore propuestas didácticas desde este enfoque gamificador (y desde cualquiera en general, sea aula invertida, ABP, aprendizaje cooperativo…).

Con frecuencia estoy encontrando en la red propuestas de gamificación (bienintencionadas todas ellas, por supuesto) que responden, desde la inconsciencia,  más a una postura neoliberal y de corte técnico, que a un enfoque socioconstructivista. Recordemos que las características de la educación neoliberal y la racionalidad técnica son: la reproducción social y el mantenimiento del status quo, predominancia de la meritocracia, apuesta por el conductismo, énfasis en las enseñanzas academicistas, en la memorización, en los premios y castigos, en la clasificaciones y en la jerarquización del alumnado, siendo esto acompañado por la negación de la equidad y la inclusión. Y esto preocupa… y mucho. ¡Ojo! No estoy en contra de la innovación, ni de esta metodología en concreto (tengo compañeros y compañeras que la emplean de manera formativa), sino en contra del uso que se está haciendo de ella, en muchos casos. Sobre todo, del uso desorientado que se está haciendo de la tecnología.

La tecnología no puede disfrazar de innovación, algo que no deja de ser una mera reproducción de la educación tradicional.

Veamos qué sucede en la práctica. Existen dos aplicaciones muy utilizadas en esta metodología. Una de ellas se basa en un concurso donde el alumnado responde rápidamente a unos botones de colores que se corresponden a una serie de cuestiones elaboradas por el profesorado. A la finalización, aparecen los tres primeros a la manera de un podio virtual. En la otra aplicación, se van poniendo positivos y negativos a unos avatares (que el alumnado elige y personaliza) por lo general representados como monstruitos. Mal usadas estas aplicaciones (y en general la gamificación), van a generar varios aspectos negativos desde el punto de vista pedagógico:

  • Establecemos rankings en nuestras clases. Nos rasgamos las vestiduras por las clasificaciones PISA pero… ¿no nos importa hacerlo con nuestro alumnado?
  • Transmitimos el mensaje a nuestro alumnado de que unos valen (los primeros del ranking) y los otros… ¿no valen (los últimos)?
  • Por lo general, en las preguntas solo se evalúan procesos cognitivos de orden inferior (principalmente la memorización). ¿Dónde quedarán la creatividad o el juicio crítico?
  • Estamos clasificando a nuestro alumnado en función de uno (o a lo sumo dos) tipos de inteligencia (la lingüística y la matemática) pero… ¿y las otras no son relevantes?
  • Transmitimos la idea de hacer las cosas para obtener premios y bonificaciones, o subir de nivel. ¿No hay otra forma de proceder como la propia satisfacción de superar un reto personal?
  • Se fomenta la competitividad individual o por equipos. ¿Cooperar sirve para algo, aparte de machacar a los otros?

En definitiva, no estamos promoviendo la inclusión ni aprovechando la diversidad de nuestro alumnado y sus fortalezas o potencialidades. Estamos segregando y excluyendo. Lo importante, al parecer, es la posición que ocupas en la clasificación, si has conseguido la medalla o no, si has subido de nivel… y lo que es peor, las comparaciones que esto conlleva entre el alumnado (“soy mejor que tú”, “estoy por encima de ti en la clasificación y en un nivel superior”, etc.).

¿Solución? Considero que, tal y como plantea Freire, lo importante es la praxis, es decir, acompañar siempre la práctica de reflexión, y viceversa. Una práctica sin reflexión, sería activismo; y una reflexión sin práctica, palabrería. En el caso de la gamificación, podemos caer en lo primero.

Una propuesta interesante que hacen algunos compañeros y compañeras sería utilizar el marcador colectivo de Terry Orlick. Consiste en sumar las puntuaciones individuales para ganar un reto colectivo, de esta manera, no hay ganadores individuales sino un ganador colectivo (la clase). Otra sería plantear siempre los retos como superaciones personales, sin comparaciones más que con uno mismo. Y, por supuesto, hacer uso del aprendizaje cooperativo.

Considero que la gamificación tiene potencialidades y motiva mucho al alumnado. Bien sea por su aspecto visual, como por su parte artística o por otros motivos. Debemos emplearla con conciencia, siendo críticos y reflexivos, y no dejarnos llevar por lo que a priori se ve de ella (disfrazarnos, tarjetas, cartas, tecnología…). Analicemos un poco más profundamente dónde está el meollo de la cuestión: qué es educar y para qué educamos.

Algunas voces críticas (entendido aquí crítico como conservador o tradicionalista) dirán: “Pero es que la sociedad es así: competitiva, unos ganan y otros pierden, hay clasificaciones y rankings”. Y es verdad, tienen toda la razón. Pero…

El objetivo de la educación no es reproducir la sociedad sino transformarla.

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La importancia de la proalimentación en la #evaluación

Una evaluación continua y formativa, cuya meta final es la mejora de los procesos de enseñanza y aprendizaje, requiere que el profesorado se preocupe por dar continuos momentos de información clave sobre las actuaciones del alumnado. Estos momentos clave, tienen que darse en tiempo y forma. Es decir, de manera inmediata a la ejecución de la tarea del alumnado (en la medida de lo posible, puesto que no siempre puede cumplirse) y con una información que destaque cuáles son las fortalezas y debilidades de la ejecución, así como cuáles podrían ser las posibles propuestas de mejora. Esta información es capital para que mejoren los aprendizajes o, por lo menos, que no repita los mismos errores. Es lo que denominamos retroalimentación o feedback.

Sin embargo, podemos ir un poco más allá. Podemos dar proalimentación o feedforward. Esta información consiste en utilizar la ejecución del alumnado para darle claves de cómo mejorar en un futuro a medio o largo plazo de cara a un desempeño profesional o académico exitoso generalizable, no solo a esa situación en particular, sino incluso a otras que mantengan la misma lógica o similar. De esta manera, le estamos ofreciendo una herramienta muy valiosa a nuestro alumnado para salir airoso de situaciones problemáticas que requieren de una solución eficaz.

Ejemplo de retroalimentación: “Tienes que elevar la voz porque no se te oye”.

Ejemplo de proalimentación: “Tienes que elevar la voz porque cuando vayas a explicar un tema ante una audiencia, te asegurarás de que te prestan atención y transmitirás más seguridad en tu discurso “.

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Finalidades de la #evaluacion formativa

Según Santos Guerra (2016) en su maravilloso libro La evaluación como aprendizaje, podemos encontrar dos finalidades en la evaluación: una de naturaleza pobre (A) y otra de naturaleza rica (B). ¿Por cuál optas tú?

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De la “evaluación deformativa” en los talent shows y otras burradas…

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Reconozco que soy un bicho raro, nunca me ha gustado competir si ello supone pasar por encima a la otra persona. En mi infancia (y aún hoy me sigue ocurriendo), después de jugar un partido con mis amigos, cuando volvía a casa, mi madre me preguntaba:

– ¿Cómo acabó el partido? ¿Ganaron o perdieron?

Yo el contestaba:

– Pues no lo sé, pero jugamos muy bien y me divertí muchísimo.

Cuento esta anécdota porque en los talent show se persigue todo lo contrario: la competencia y derrotar a la otra persona como objetivo final.

Pero ahí no queda la cosa, lo más desconcertante de este tipo de programas es cómo se somete a una presión innecesaria cuando se trata de participantes infantiles y el tipo de juicios de valor que dicen con una pasmosa tranquilidad: “Tú vales”, “tienes talento”, “tienes lo que hay que tener”, etc. El problema es que si le decimos a un niño o a una niña “Tú vales” le estamos diciendo a otros “Tú no vales”, toma ya… Solo falta decir: “Y el terapeuta dentro de 10 años te lo pagas como puedas”.

Dejando el humor a un lado, la evaluación que se realiza en este tipo de programas (sean infantiles o no), deja mucho que desear. Si lo que se persigue es la mejora de las habilidades, conocimientos o actitudes de los aspirantes, la cosa tiene que cambiar un poco. Veamos algunas de las burradas que se cometen en estos programas (insisto, algunos infantiles… ¡madre de Dios!). Al modo de un ring de boxeo, vamos a pasar por los rounds y a ver si no llegamos al K.O.:

  • Round 1: No se valora el proceso sino el resultado o el producto final. Un aspirante que haga las cosas bien pero tenga un mal día, es eliminado. En cambio, uno que sea mediocre pero tenga un buen día puede llegar a ganar.
  • Round 2: No se establecen desde el principio los criterios de evaluación o calificación de las pruebas que tiene que pasar. Los jueces, entiendo yo, dan por supuesto que los aspirantes tienen dotes adivinatorias y saben qué es lo que ellos entienden por correcto o incorrecto.
  • Round 3: No dan feedback sobre el proceso. Cuando están realizando una prueba, solo comentan lo bien o mal que lo han hecho al final de la ejecución. Demasiado tarde para aprender y rectificar, demasiado tarde.
  • Round 4: Los comentarios y caras, en muchas ocasiones, suelen ser más negativos que positivos (tal vez sea porque es lo que vende en televisión).
  • Round 5: El error en este tipo de programas es visto como un debilidad del aspirante, y no como una oportunidad de aprendizaje.
  • Round 6: Con frecuencia, tienen que pasar pruebas de equipo, pero aprender a trabajar en equipo es algo complejo y se tiene que enseñar. Es un aprendizaje que requiere experiencia y no se adquiere de forma mágica.
  • Round 7: No se dedica el más mínimo tiempo a enseñar a trabajar en equipo. Aquí lo que vale es el “búscate la vida”.
  • Round 8: Muchas pruebas eliminatorias son elaboradas ad hoc para el programa, no tienen nada que ver con la realidad. ¿Y entonces para que se hacen? ¿Qué sentido tienen?
  • Round 9: Las hay autoevaluaciones y las coevaluaciones brillan por su ausencia y, cuando se hacen, son para machacar al contrario, nunca para destacar sus fortalezas u ofrecerles propuestas de mejora.
  • Round 10: Este programas busca la selección y, por lo tanto, el control de los que saben y no saben, de los que valen y no valen, de los buenos y los malos, es decir, se basa en poner etiquetas.
  • Round 11: Las propias habilidades sociales y la forma de comunicación de algunos jueces deja mucho que desear.
  • Round 12: K.O.

Vaya, pues no hemos llegado al final del combate. Nos han dejado fuera de combate. Han sido muchos golpes. En fin, estamos eliminados y nos volvemos para casa…

Está claro, que si lo que buscan es la mejora de las habilidades, de los conocimientos y de las actitudes de los aspirantes, la evaluación en estos programas tiene que mejorar. Menos dinero para el vestuario de los jueces y más inversión en alguien que los asesore en este sentido.

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No confundir los medios con los fines. Artículo sociocrítico sobre educación neoliberal en @evaluaccion #evaluacion

Artículo sociocrítico sobre la educación neoliberal que me acaban de publicar en la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa. Para re-pensar nuestras prácticas…

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