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¿Sabes cómo hacer, evaluar y calificar un #portafolio? Aquí te dejo un ejemplo #edufis #evaluacionformativa

Este es un documento para entregar al alumnado a principio de curso con el objetivo de que aprendan a elaborar esta estupenda herramienta para el aprendizaje.

Portafolio.

Esta es la rúbrica para evaluarlo y calificarlo.

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Instrumento para la #autocalificación del alumnado #edufis

Este es un instrumento para ayudar al alumnado a autocalificarse al finalizar un trimestre o el curso. Este instrumento parte del sistema de evaluación y calificación que había sido consensuado con el alumnado. El objetivo es que en la columna que pone “% Auto calificación”, el alumnado ponga la nota que considera justa acorde a su trabajo realizado. En “Observaciones” deberían de justificar esa nota.

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¿Sabes lo que es un sistema de #evaluación y #calificación? Aquí tienes un ejemplo real dirigido a FP

Es muy importante que este sistema sea negociado y consensuado con el alumnado desde el principio de curso. La transparencia es fundamental para que la evaluación sea justa. Como puede verse, la alineación curricular parte del resultado de aprendizaje (criterios de evaluación en otras etapas educativas). En un documento anterior se relaciona con competencias y objetivos. No se muestra en este documento por razones de espacio.

Sistema de evaluación y calificación.

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¿Sabes la diferencia entre actividad de evaluación e hito de evaluación? Aquí te lo explico #evaluacionformativa #edufis

La evaluación es una actividad natural que tenemos las personas para aprender. Evaluamos desde que nacemos, continuamente, y a lo largo de toda nuestra vida. Por ejemplo, cuando vamos a cruzar una carretera, recogemos información sobre la distancia hacia la otra acera, los coches que se aproximan y también sobre nuestras propias capacidades para desplazarnos. A continuación, analizamos toda esta información y tomamos una decisión: puedo cruzar o no. Es inevitable, queramos o no, consciente o inconscientemente, evaluamos constantemente las situaciones que vamos viviendo. Y gracias a ello, aprendemos que si los coches están demasiado cerca, lo mejor es no cruzar. En educación hemos “desnaturalizado” esta actividad. Y por eso decimos que en la evaluación educativa hay varios procesos que se dan: recogida de información, análisis de la misma, emisión de un juicio de valor y toma de decisiones. En educación se ha asumido, además, que si no existe un instrumento de evaluación que medie el aprendizaje, no puede considerarse actividad de evaluación. En mi opinión, esto no es del todo correcto. Yo diferencio entre actividad de evaluación e hito de evaluación. Así, las primeras se dan continuamente en el centro escolar si la meta es aprender. Por ejemplo, podemos considerar como actividad de evaluación aquellas situaciones de diálogo compartido que realizamos con nuestro alumnado al finalizar una tarea, una sesión, un proyecto o cualquier otra situación de aprendizaje. No hace falta que haya un instrumento de por medio (físico me refiero, habrá quien considere la observación o el diálogo como un instrumento pero no es el caso). En cambio, los hitos de evaluación son todas aquellas actividades de evaluación en la que media un instrumento y, además, pueden utilizarse con fines calificadores, aunque no es lo relevante. Suelen ser puntuales en el proceso y tienen sobre todo fines de comprobación de que todo va correcto. Debe servir, además, como feedback para el alumnado. Tienen como referentes resultados de aprendizaje, criterios de evaluación o estándares de calidad.

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¿Sabes lo que es la calificación triangulada? Aquí te lo explico #evaluacion #calificacion #edufis

Toda evaluación formativa y formadora precisa de unas características específicas que reflejen que, efectivamente, se trata de un proceso que busca la mejora de la enseñanza y el aprendizaje. Entre estas características están que sea continua, democrática, dialogada, auténtica, ética, justa y transparente (nótese que he obviado intencionadamente la palabra objetiva).

Pero, desgraciadamente, al final de este proceso hay que poner una calificación. Para que este procedimiento sea también formativo y formador, una de las estrategias que podemos utilizar es la calificación triangulada. Dicha estrategia consiste en dialogar, consensuar, contrastar y, en definitiva, triangular entre los tres agentes implicados (alumno-a, compañeros-as y profesor-a) las diferentes notas que se han ido asignando a lo largo del tiempo. En mi caso, les doy un instrumento que facilita el procedimiento y que tienen que exponer públicamente al final del trimestre o el curso. Evidentemente, estos criterios de calificación son negociados a principio de curso (tanto el porcentaje de cada criterio como el de las actividades de evaluación). El alumnado tiene que hacer una exposición oral en la que justifica su nota. Es, entonces, cuando se establece el proceso de diálogo y triangulación. Tratamos siempre de llegar a un consenso, es decir, todos ganamos. Esta calificación triangulada exige que, durante todo el proceso previo del trimestre o curso, se acompañe de muchos momentos de autoevaluación y coevaluación (sin que yo dé ninguna nota por mi parte). Por lo tanto, se hace mucho hincapié en el análisis, la síntesis y el juicio crítico (procesos clave en una estrategia evaluativa formativa y formadora). Mi experiencia personal es que la calificación es más justa y el alumnado muestra un mayor grado de satisfacción hacia la calificación. Y, por supuesto, convertimos un procedimiento artificial, administrativo y negativo en un procedimiento formativo, democrático y formador. Ánimo y adelante.

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Negociación curricular y el empoderamiento del alumnado #escuelademocratica #edufis #autonomiadelalumnado

Hablar de escuelas democráticas suponer entender la educación de otro modo, más horizontal. Las relaciones que se establecen entre alumnado y profesorado (y entre toda la comunidad educativa en general) se basan en el respeto mutuo, así como en la capacidad de cada uno de enriquecerse del otro.

Una de las estrategias que se pueden utilizar para desarrollar el concepto de escuelas democráticas es el de negociación curricular. Pero una salvedad. Negociar no es votar. Cualquiera que haya estudiado la teoría de grupos o conozca los fundamentos del aprendizaje cooperativo sabe que la peor estrategia que se puede tomar en un grupo es que las decisiones se tomen mediante la votación. Cuando ponemos en práctica esta medida, unos ganan y otros pierden. La mayoría gana y la minoría pierde. Y ese no es el objetivo. De lo que se trata es de que todos ganemos. Por eso es importante el consenso y el diálogo.

En la negociación curricular, establecemos un diálogo democrático con nuestro alumnado, no para imponer nuestro punto de vista, ni para que ellos impongan el suyo, sino para buscar un punto de encuentro intermedio donde sintamos que las dos partes hemos ganado, y aquí es donde la votación no alcanza.

¿Qué cuestiones podemos negociar con nuestro alumnado? Pues dependerá del grado de maduración del alumnado y de nuestras motivaciones personales. Pero en general cuanto más negociemos, más enriquecedor será el proceso. Algunas preguntas a modo de hilo conductor para guiar este proceso pueden ser estas:

  • ¿Creen que las situaciones de aprendizaje se ajustan a sus intereses? ¿Cuánto será su temporización?
  • ¿Qué contenidos podremos trabajar? ¿De qué manera los trabajaremos?
  • ¿Qué actividades de evaluación podemos utilizar? ¿Y con qué instrumentos las vamos a evaluar?
  • ¿Cómo ponderamos las evidencias? ¿Como se puede aprobar o suspender en la asignatura?
  • En resumen, se trata de dar la oportunidad a nuestro alumnado de tomar decisiones sobre aspectos referidos al diseño, la planificación, la implementación, la evaluación e, incluso, sobre la calificación. Sin ninguna duda, todos saldremos ganando.