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¿Crees que innovas en educación? Puede ser que no… #menosactivismo #maspaulofreire

“Has visto en la Redes Sociales a alguien que ha puesto en práctica una actividad con códigos QR superdivertida, y decides implantarla al día siguiente en tu centro. ¿Estás haciendo innovación?”

  • Verdadero
  • Falso

Esta situación es más común de lo que puede parecernos. Gente que hace cosas extraordinarias y las comparte en las RRSS. Y gente que simplemente copia y pega o imita lo que hacen los demás. Pero el problema de todo esto es que algunos de ellas (tanto las creadoras como las imitadoras) han entrado en un bucle de vicio educativo. Y esto se repite una vez tras otra. “Hoy hago un Plickers, mañana hago un Kahoot, pasado un ClassDojo, y para el otro me disfrazo de unos de los personajes de la serie favorita de mi alumnado”. Pero, ¿puede llamarse a esta innovar? Muchos compañeros y compañeras lo hacen. Comparten sus hazañas extraordinarias en alguna red social y se autodenominan innovadores. Pero veamos qué significa innovación educativa, y luego hablamos…

Realizar cambios en el aprendizaje/formación que produzcan mejoras en los resultados de aprendizaje. Sin embargo, para que se considere innovación educativa el proceso debe responder a unas necesidades, debe ser eficaz y eficiente, además de sostenible en el tiempo y con resultados transferibles más allá del contexto particular donde surgieron (Sein-Echaluce et al., 2014).

Sein-Echaluce, M. L., Lerís, D., Fidalgo-Blanco, Á., & García-Peñalvo, F. J. (2014). Knowledge
management system for applying educational innovative experiences. In F. J. García-Peñalvo (Ed.),
Proceedings of the First International Conference on Technological Ecosystems for Enhancing
Multiculturality (TEEM’13)
(pp. 405-410). New York, USA: ACM.

De esta definición podemos extraer algunos indicadores que, a modo de autoevaluación, podrían orientarnos sobre si lo que hacemos es realmente innovación educativa (praxis educativa), o simplemente activismo (en el sentido freireano).

Lo que hago:

  • ¿Provoca mejoras en los aprendizajes de mi alumnado?
  • ¿Responde a unas necesidades? Es decir, ¿se ha hecho un diagnóstico y se ha planificado la acción innovadora o es simplemente fruto de una aplicación irreflexiva?
  • ¿Es sostenible en el tiempo?
  • ¿Es transferible a otros contextos?

En fin, considero que es necesario reflexionar más sobre lo que hacemos y ver si realmente podemos etiquetarlo de innovación educativa o… lo que quiera que sea.

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Tres sitios imprescindibles para conocer lo que es el #ApS

  1. La web de la Red Española de Aprendizaje-Servicio.
  2. La página personal de Roser Batlle.
  3. Y en materia de investigación universitaria, la Red de Investigación en Actividad Física y el Deporte para la Inclusión Social (RIADIS)
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Red de #Evaluación Formativa Y Compartida en Educación (#REFYCE)

Para todas aquellas personas que quieran aprender a evaluar de manera formativa y compartida, no pueden dejar de visitar este blog. Aquí se unen innovación e investigación al servicio de la mejora de la calidad de la educación. Liderada por el gran Víctor López Pastor, es un referente nacional e internacional en avances sobre la evaluación.

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Ejemplo de #alineación curricular para un sistema de #evaluación y #calificación

En este enlace puedes acceder a una propuesta de alineación curricular. Se trata de una panorámica sobre el sistema de evaluación y calificación llevado a cabo (de manera real y validada) en un Módulo del Ciclo Superior de Animación Sociocultural y Turística (Módulo de Actividades de ocio y tiempo libre). Hay que pensar que este recurso se debe plantear y consensuar con el alumnado a principio de curso (evaluación democrática y transparente).

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La tecnología en educación: ¿contribuye a la #inclusión… o no?

El uso de la tecnología en educación ha aumentado considerablemente su presencia en nuestras aulas tanto a nivel cualitativo como cuantitativo. La llegada de los dispositivos móviles, sobre todo, es un hecho por el que hay que congratularse. Bien empleados, además de los aprendizajes que genera, aumenta la motivación (lo que no tengo tan claro es cuál de ellas) y la participación en las dinámicas interactivas y dialógicas de la clase.

Ahora bien, no hay calidad educativa sin equidad ni inclusión. Es decir, si el uso de la tecnología implica que haya alumnado que pueda realizar las tareas que se plantean y otro que no puede, o que haya coles de primera con tecnología y coles de segunda porque no tienen acceso a ella, entonces tenemos que repensar su uso.

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¿#Metodologías activas o activistas? De la #recreación al #aprendizaje #edufis

Existe hoy por hoy una avalancha de metodologías, bien sean propuestas, enfoques, estilos, técnicas, etc. que han venido para quedarse (¿tal vez definitivamente?) y mejorar (¿?) la calidad de la enseñanza y el aprendizaje. Muchas de ellas (casi me atrevería a decir que todas), mediadas por la tecnología. Y esto es para congratularse y “llenarse de orgullo y satisfacción”. Hay quien las llama metodologías o pedagogías emergentes, y otros metodologías o pedagogías activas. El fundamento no es otro que el de aumentar la motivación del alumnado (repito, casi siempre la tecnología juega un papel muy importante en este aspecto) y mejorar los aprendizajes. Sin embargo, podemos correr el riesgo de que estas propuestas hagamos confundan los medios con los fines. En ocasiones, podemos caer en la tentación de hacer un sinfín de actividades inconexas entre sí (eso sí, muy llamativas) y que no atiendan a una finalidad concreta. Esto puede asegurar una motivación extrínseca (y por ende, con certificado de defunción muy próximo) y que el alumnado se lo pase bien durante un rato, pero ese no es el objetivo de la educación. Si nos quedamos con esta visión superficial, estaremos cayendo en el error de beatificar la recreación y la motivación extrínseca, cuando en realidad son herramientas para un fin superior: transformar a las personas y a la sociedad para lograr un mundo mejor. Dice Freire en La educación como práctica de la libertad (1967) :


La educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo.

Efectivamente, debemos pensar en que la acción de nuestro alumnado es una praxis que va más allá de la mera acción (recreativa o divertida). Es cierto que toda tarea (proyecto, actividad, reto…) que se proponga en clase debe contar con el factor motivación (a ser posible intrínseca) y diversión, pero debe ir más allá. Como dice Freire, toda acción que no conlleve reflexión se quedaría en activismo (un mero “hacer por hacer”). De igual manera, toda reflexión que no conlleve acción, se relegaría a palabrería. Traducido al idioma de “andar por el aula”, podemos concretarlo en que siempre debemos contar con momentos, espacios y procesos de reflexión (individuales o compartidos) que acompañen a las tareas propuestas. La metacognición, la autorregulación, la autoevaluación, la evaluación compartida, la calificación triangulada… aseguran esta praxis. De esta manera, sí que estaremos contribuyendo a un aprendizaje profundo y a una verdadera transformación personal y social del mundo para cambiarlo (a mejor, se entiende…).

Y si lo que queremos es motivar (desde el punto de vista intrínseco, por supuesto), la teoría de la autodeterminación (Deci y Ryan, 1985) nos da la clave para satisfacer las necesidades básicas que, según estos autores, son indispensables para que la acción sea duradera en el tiempo: necesidad de autonomía (que nuestro alumnado pueda tomar decisiones en el ecosistema del aula), necesidad de relación con los demás, y, por último, necesidad de sentirse competente. Teniendo en cuenta estas tres claves, habremos dado un paso muy avanzado en que nuestras tareas sean, aparte de divertidas, muy significativas.

En educación física, el concepto general de praxis nos remite al de praxis motriz o conducta motriz (Parlebas, 2001). Es decir, una acción donde la motricidad está cargada de simbolismo, significado y reflexión. Donde importa lo que el alumnado hace, pero también lo que piensa y, además, lo que siente. No podemos soslayar este aspecto.

En conclusión, no dejemos llevarnos por los cantos de sirena que algunas propuestas metodológicas mal empleadas (y esto es importante, destaco “mal empleadas” porque también pueden ser bien empleadas, a Freire me remito nuevamente) pueden hacernos ver. Donde importa más la apariencia y el postureo metodológico, que la educación. Donde se prioriza la acción pero no hay reflexión. Y donde la tecnología es motivo de exclusión y no de inclusión. No perdamos de vista que en nuestra profesión, siempre será más importante preguntarnos “por qué y para qué educamos” que “cómo educamos”.